El Producto Interno Bruto (PIB) de Costa Rica registró una variación interanual al tercer trimestre de 1,8%, dato inferior al promedio del primer semestre (3,1%), en gran parte explicado por los efectos de la huelga contra el plan fiscal en setiembre. Este último evento marcó una fuerte desaceleración de la actividad económica en prácticamente todos los sectores, como lo mostró el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) en setiembre al registrar una caída mensual de 0,2%. En Aldesa prevemos que el crecimiento económico del 2018 cerrará en 2,8%.

En el frente de la demanda interna, en el tercer trimestre el consumo de los hogares creció a un ritmo interanual de 1,8%, debido principalmente a la caída en la confianza de los consumidores. De acuerdo con el último informe de la Universidad de Costa Rica, el índice de confianza del consumidor cayó 10,7 puntos en agosto y 6,7 puntos en noviembre, ubicándose en niveles históricamente bajos.

En esa misma línea se comportó el gasto de consumo del gobierno, al registrar una variación interanual parcialmente nula, producto de las medidas de control de remuneraciones y otros gastos que implementó Hacienda a partir de junio. Por otro lado, dicha desaceleración se vio compensada por el repunte de la inversión, la cual creció a una tasa interanual de 4,1%, después de que los últimos 6 trimestres el crecimiento medio fue de -18,1%. En gran parte, tal comportamiento de la inversión respondió al dinamismo del sector construcción, que se benefició del proyecto Oxígeno, de modo que ese fuerte shock debe catalogarse de carácter transitorio.

En el frente externo, las exportaciones crecieron a una tasa interanual de 3,5% durante el tercer trimestre de 2018, dejando la variación anual en 3,2%. La industria manufacturera de zonas francas continúa contribuyendo a la actividad económica costarricense; sin embargo, para el bienio 2019-20 existen riesgos producto de las vulnerabilidades de la economía global.

¿Qué esperamos para el 2019?

Para este año prevemos que el crecimiento estará principalmente condicionado por los efectos de la reforma fiscal y, en segundo orden, por el entorno económico global. En el ámbito local, observamos que la aprobación de la reforma generará una recuperación gradual en las expectativas de los agentes económicos (efecto positivo), pero también deteriorará el ingreso real disponible, al existir una disminución del gasto del gobierno y un aumento en los impuestos (efecto negativo). En el frente externo, según estimaciones de Fondo Monetario Internacional, el estímulo tributario de Estados Unidos se empezaría a disipar a partir del segundo semestre del 2019, provocando una moderación en el crecimiento de la demanda externa de Costa Rica. De esta manera, proyectamos un crecimiento económico de 2,3% en 2019 y 3,0% en 2020.