World Energy Council, el ente de energía acreditado por Naciones Unidas y que reúne más de 3000 miembros y 90 países en el ámbito de la energía, define un indicador de países basado en lo que llaman un reto triple: suministro de energía segura, sostenible ambientalmente y accesible económicamente.

Costa Rica se movió de la posición 36 en el 2014 a la 49 en el 2017, dentro una lista de 125 países evaluados. Nos mantenemos en los primeros lugares de sostenibilidad ambiental, gracias a una matriz eléctrica de mínimas emisiones, pero tenemos un claro deterioro en el tema de accesibilidad económica y seguridad del suministro, donde respectivamente estamos en los lugares 67 y 104 de los 125.

El tema del alto costo no es una sorpresa, corresponde a una planificación de infraestructura de generación eléctrica sobredimensionada respecto al consumo del país, así como a la dificultad de promover el intercambio eléctrico en la región, debido a la baja capacidad de transmisión en los países vecinos.

Sin embargo, tampoco es novedad la calificación de nuestra débil seguridad energética, ya que seguimos dependiendo altamente de la importación del petróleo: de la energía secundaria consumida en el país durante el 2016, la mayor contribución la representan los derivados del petróleo con el 73,1% del total, dentro del cual el mayor consumo se atribuye al sector transporte, con un aporte del 60,6%.

Aunado a esto, tenemos una necesidad no resuelta de diversificar la matriz eléctrica, la cual depende altamente de las hidroeléctricas, vulnerables frente al cambio climático y de mayor impacto ambiental y social que otras tecnologías.

Más allá de esperar disposición política para tener una matriz eléctrica diversificada, migrar al transporte eléctrico masivo, acceder a una generación distribuida con condiciones justas y aplicar todos los cambios necesarios, sabemos que nuestra realidad económica e ideológica no nos permite acceder a incentivos reales para avanzar hacia estos nuevos modelos de desarrollo.

No tenemos políticas que nos permitan interactuar en un mercado energético libre y competitivo, pero aún podemos apostar a los otros dos términos de la ecuación: permanecer vigilantes del avance acelerado de las tecnologías y su aplicabilidad a nuestras condiciones, y generar la movilización de capitales de inversión para catalizar la ejecución de proyectos que impulsen la sostenibilidad y la competitividad.

Si Costa Rica, desde el sector productivo y las alianzas público-privadas logra avanzar en estos dos aspectos, también podrá ser parte de la disrupción del modelo energético mundial. Es importante que como país logremos mirar más allá de proteccionismos estatales, pues el modelo energético ya cambió en el mundo, pero la velocidad de adopción de dicho modelo en Costa Rica va a depender de nuestra apertura a estas tecnologías y de no encarecerlas de forma artificial.

Sofía Rodríguez, Ingeniera de Proyectos de Graviton Energy & Technology