La demanda de energía en el mundo crecerá un 100% para el 2050, y sin un giro agresivo hacia la producción con energías renovables y al transporte limpio, las emisiones de Gases de Efecto Invernadero podrían cuadriplicarse para ese momento.

Los retos son varios: reemplazar con celeridad el petróleo por fuentes sin emisiones, mantener la tasa de crecimiento en la producción de energía y asegurar la firmeza, calidad y estabilidad de la matriz energética mundial.

Todo lo anterior tomando en cuenta que la coyuntura actual no ofrece una línea clara respecto a la forma de llevar a cabo los acuerdos firmados en el Tratado de París (link video), ratificados en Bonn, Alemania (link video). Como consecuencia de esta falta de claridad, aunado a una mayor presión por decarbonizar las actividades económicas y cambios tecnológicos acelerados, tenemos un mercado energético cambiante y muy complejo.

Para ejemplificar cómo nos acercamos hacia un nuevo modelo, – la tecnología fotovoltaica que se utilizó en los sesentas exclusivamente en la industria aeroespacial, con altísimos costos y eficiencias cercanas al 12%, inició su uso comercial hasta en los años noventa. Incluso en el 2010, el costo por watt pico para una instalación residencial era cercana a US$ 11. Hoy en día, su costo ha caído 10 veces, con eficiencias cercanas al 20%, lo que permite competir con la energía producida por las plantas a gran escala. De hecho, la energía fotovoltaica a nivel residencial ha alcanzado la paridad con la red en casi todos los países y se estima que seguirá cayendo a una tasa de al menos 8% anual hasta el 2020.

Un buen ejemplo es la compañía startup LO3 de Nueva York, quien en 2016 desarrolló junto con Siemens una micro red que conecta toda una comunidad en Brooklyn. Aun utilizando la infraestructura del distribuidor eléctrico local, la comunidad genera, almacena y controla su propia energía, permitiendo las transacciones de compra entre sus miembros, de manera que tienen un modelo limpio, sostenible, autónomo y accesible, que además estimula a sus miembros a migrar a vehículos eléctricos.

Se estima que, a setiembre del 2018, existen casi 100 empresas (Startups incluidas) dedicadas a explotar las aplicaciones del Blockchain en el campo de la energía. Esto es una tendencia imparable que seguirá creciendo y generando nuevas opciones en el mercado mundial para propiciar el acceso universal a la electricidad descarbonizada y fiable, tanto en las grandes ciudades como en regiones donde nunca se había tenido acceso. Por lo tanto, la revolución tecnológica que estamos viviendo, además de colaborar con el ambiente, democratizará la energía para potenciar el desarrollo de regiones descuidadas por los modelos energéticos anteriores.

Sofía Rodríguez, Ingeniera de Proyectos de Graviton Energy & Technology