Sin almacenamiento no se tiene energía firme con recursos renovables (con excepción de la geotermia, que no es explotable en cualquier lugar, ni resulta viable a cualquier escala). Aunque la humanidad ha desarrollado proyectos de almacenamiento de energía desde principios del siglo veintiuno, una vasta mayoría se debe a sistemas de acumulación por bombeo, lo cual solo tiene sentido a gran escala y frente a plantas de generación nuclear, y en algunos casos, combustibles fósiles o grandes hidroeléctricas.

Cuando se habla de almacenamiento en los modelos contemporáneos, se refiere principalmente a la acumulación de energía con baterías químicas recargables y de descarga profunda, industria que actualmente cuenta con una capacidad de 1.6 GW instalados a nivel global y que según un Informe de Global Data Plc, podría llegar a los 14 GW para el 2020.

El vertiginoso desarrollo que se espera en esta tecnología se debe en parte a un mayor involucramiento de los sectores productivos en los temas ambientales y a las políticas favorables en algunos países. Sin embargo, el gran motor del crecimiento de esta industria será igualmente el avance tecnológico que ha permitido bajar los costos de manera acelerada. Para el 2014 se tenía un costo promedio de US$800 por cada kWh que una batería era capaz de almacenar. A hoy, con tecnologías como Powerwall de Tesla y LG Chem, se accede, a nivel residencial, a costos cercanos a los US$400 por kWh.

The new economics of energy storage de McKinsey&Company estimó precios de US$200 por kWh para 2020 y US$160 por kWh para 2025, lo que definitivamente impulsaría de manera exponencial los proyectos solares y eólicos como energía firme, accesible y de calidad; a cualquier escala y adaptable a los requerimientos del consumidor final.

Todo esto ha permitido que, incluso antes de llegar a los costos proyectados para el próximo quinquenio, ya se cuente con proyectos pioneros y exitosos que nos muestran, como pequeñas ventanas, la realidad de los años venideros.

Por ejemplo, la empresa alemana Sonnen GmbH que ha incursionado el almacenamiento de energía a escala residencial, ha puesto en marcha su proyecto sonnenCommunity, que conecta actualmente comunidades en toda Alemania, y donde se fomenta que dichas comunidades produzcan su propia energía fotovoltaica y transaccionen los excedentes entre sus miembros, con apoyo de sistemas de almacenamiento, micro eólicos y de biogás, para cubrir cualquier brecha de necesidad de potencia cuando exista menos luz solar. Estas comunidades combinan la descentralización de la generación eléctrica y las nuevas tecnologías de almacenamiento con la interacción de todos sus miembros en tiempo real por medio de redes eléctricas digitalizadas.

Así nace el concepto de almacenamiento virtual, que combina miles de baterías residenciales interconectadas entre sí, de manera que éstas entren en conjunto y de manera coordinada, en momentos de gran demanda energética de la red, tal y como si fuera una gran planta virtual despachando electricidad en periodos pico.

A su vez, los medidores inteligentes de las casas permiten que la comunicación entre la red, los generadores, los consumidores y los centros de despacho llegue incluso al interior de los hogares. Es decir, por medio de medidores que almacenan y transmiten datos, tanto de la red como de los hogares, es posible coordinar de manera más eficiente el encendido y apagado de las cargas fijas de cada casa, cuando éstas están desocupadas, como por ejemplo el aire acondicionado o la refrigeradora, para que estos sean apagados en momentos de alto consumo de la red, contribuyendo a bajar los picos de demanda.

En realidad, lo anterior no solo colabora en reducir las emisiones de Gas de Efecto Invernadero (GEI) por consumo energético y a bajar los costos al usuario final, sino que además ayuda a la estabilidad de la red pública y amortigua las fluctuaciones propias de la generación con energías renovables a gran escala.

Sofía Rodríguez, Ingeniera de Proyectos de Graviton Energy & Technology