El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) reportó la variación mensual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) en 0,23%, dato que es ligeramente mayor a nuestra proyección (0,14%, ver: CR: ¿Qué se espera de la inflación de setiembre?).

Como resultado, la variación interanual se ubicó en 2,2%, dato que mantiene la inflación dentro del rango meta del Banco Central de Costa Rica (BCCR) y en línea con nuestra proyección de cierre de año (2,5%). No obstante, existen riesgos en el entorno macroeconómico que pueden modificar drástica o gradualmente el comportamiento de los precios.

Particularmente, el principal riesgo es la situación fiscal del país que puede deteriorar los fundamentales de inflación. Estos fundamentales son: el precio del petróleo, el tipo de cambio, la brecha del producto (las presiones de demanda) y las expectativas de inflación.

  • El primer determinante depende del contexto de la economía global, por lo que los efectos de la situación fiscal impactan los últimos tres determinantes.
  • Por el lado del tipo de cambio, la no aprobación de la reforma fiscal y un deterioro más profundo de las finanzas públicas, genera mayor incertidumbre y temor en el mercado causando una depreciación de la moneda, producto de la mayor demanda de dólares.
  • Respecto a la brecha del producto, de no existir un ajuste fiscal las expectativas de los empresarios y consumidores se pueden deteriorar aún más por lo que la inversión corporativa y el gasto de los hogares se postergan, causando una menor demanda agregada.
  • Finalmente, el temor de una eventual depreciación acelerada de la moneda impacta las expectativas de inflación.

Dicho lo anterior, la trayectoria de la inflación está condicionada al rumbo del ajuste fiscal. Por eso, cuantificamos qué pasaría con la inflación según los niveles de tipo de cambio y crecimiento económico. Es importante mencionar, que una depreciación significante causa mayores niveles de inflación, mientras que una baja brecha de producto causada por un menor crecimiento reduce la tasa de inflación.

Nuestro modelo nos permite realizar las siguientes conclusiones:

  1. Si el tipo de cambio se ubica en ¢583 y ¢600 al cierre del 2018 y 2019, respectivamente, la inflación cerraría en 2,5% y 3,6%, en el mismo orden de años. Es claro que los efectos se materializan principalmente en el 2019, debido a la gradualidad con la que la devaluación se transmite en los precios domésticos. No obstante, si el tipo de cambio cierra en ¢610 en 2019, la inflación se ubicaría en 4,1% para ese año.
  2. En un escenario donde no exista una devaluación pronunciada, sino mayor estabilidad cambiaria, se asume un tipo de cambio cerrando en ¢583 en 2018 y ¢585 en 2019. De esta manera, prevemos la inflación en 2019 en 3,0% por lo que se mantendría dentro del rango meta del BCCR.
  3. Por otra parte, si se asume una reducción de la tasa crecimiento económico en 2019 a 1,0%, se produce una considerable desaceleración en la demanda agregada, por lo que le resta presión al aumento en los precios. Bajo el escenario de estabilidad de tipo de cambio, la inflación cerraría en 2,7% en 2019, mientras que en el caso de devaluación contrarrestaría el crecimiento de los precios para cerrar en 3,2% en 2019.

Si bien el tipo de cambio es una variable difícil de predecir producto de su volatilidad, lo importante es valorar la sensibilidad con la que impacta una depreciación de la moneda sobre los precios domésticos. Nuestro escenario base predice la inflación 2,5% para el 2018, mientras que en 2019 debe incrementarse gradualmente a 3,2%.