El Banco Central de Costa Rica (BCCR) reportó las cifras de cuentas nacionales al primer trimestre del 2018, donde se registró un crecimiento interanual del PIB de 2,5%, dato inferior al promedio del 2012-2016 (3,9%), y ligeramente menor a nuestra proyección (2,8%). De esta manera, la desaceleración de la actividad económica se ha mantenido desde el primer trimestre del 2017, producto de un menor crecimiento en la demanda interna.

Esta característica es normal en todas las economías, ya que atraviesan ciclos económicos que tienen procesos de crecimiento por encima de su nivel potencial y desaceleraciones de crecimiento por debajo de ese nivel.

¿De dónde venimos?

Durante el periodo 2012-2016, Costa Rica atravesó una fase de aceleración que cerró con un crecimiento del PIB de 4,2% en el 2016. En ese periodo, el 97% del crecimiento estuvo explicado por la demanda interna, principalmente por el consumo de los hogares y la inversión en capital fijo. En ese momento el crecimiento del crédito y el aumento del ingreso disponible producto de los bajos precios del petróleo, facilitaron un mayor dinamismo en la actividad doméstica. Como resultado, el consumo de los hogares creció a una tasa promedio de 3,9% y la inversión en 4,0%.

¿Hacia dónde vamos?

A partir del 2017, Costa Rica entró en una fase de desaceleración donde distintos determinantes han jugado un rol importante. Primero, a nivel de expectativa, la incertidumbre fiscal ha generado un mayor pesimismo en la confianza del consumidor y el empresario, lo que desalienta el gasto y la inversión interna. Segundo, los efectos de la Tormenta Nate se materializaron principalmente a través de la inversión con destino privado, por medio de un menor dinamismo en el sector de construcción. Tercero, el crecimiento del crédito en dólares pasó de 12,1%, entre el 2012 al 2016, a 4,3% en el último año y medio, siendo este uno de los más importantes del consumo de los hogares.

De acuerdo con nuestro análisis, el comportamiento en el crédito ha estado afectado por la subida de las tasas de interés y el shock en el tipo de cambio en mayo de 2017, que causó un mayor temor en la demanda interna.

Por ese motivo, construimos un modelo básico de consumo de los hogares, explicado por el crédito total entre otras variables. Bajo un escenario donde el crédito crece a una tasa de 3,7% y 9,5% en 2018 y 2019, respectivamente, el consumo mostraría una recuperación gradual de 2,7% y 3,2% para esos años. De mantenerse una tendencia decreciente en el crédito (0,2% en el 2018 y -3,5% en el 2019), el consumo pasaría a crecer a una tasa de 2,5% y 1,7% en los años indicados respectivamente.

Dicho esto, el papel que juega el crédito es vital dentro del dinamismo de la producción nacional, incluso estimamos que bajo el escenario de la caída gradual en crédito, el crecimiento del PIB perdería 1 punto en el 2019 frente a nuestro escenario base.

Finalmente, proyectamos un crecimiento del PIB de 3,0% en el 2018, por lo que se mantendría la desaceleración respecto al 2017, sin embargo, esperamos un mayor crecimiento en el último trimestre producto de la recuperación de la construcción con destino privado. También es importante destacar que los ajustes fiscales suelen tener un impacto en términos de crecimiento, principalmente cuando son mayores a un 1 punto por año y en periodos cortos.

La ministra de Hacienda, Rocío Aguilar, ya habla de un ajuste que rondará el 3,8-4,1% del PIB en un periodo de 4 años, tomando en cuenta la reforma fiscal y otras medidas. De esa manera, se puede anticipar una trayectoria de un crecimiento ligeramente menor para los próximos años.