En los últimos 35 años el Banco Central de Costa Rica (BCCR) ha adoptado tres regímenes cambiarios. Desde el 2006, la autoridad monetaria decidió migrar hacia un régimen de metas de inflación, por lo que estableció un cambio gradual hacia un sistema de tipo de cambio más flexible. Primero con la introducción de las bandas cambiarias, para luego pasar al sistema de flotación administrada. En ese sentido, existe un debate sobre qué tan flexible es el tipo de cambio después de la adopción de ese último sistema.

Previo a octubre de 2006, durante 23 años el BCCR mantuvo un sistema de minidevaluaciones, conocido como régimen de paridad ajustable. Bajo este sistema el tipo de cambio seguía una tendencia lineal y su comportamiento era muy predecible por el mercado. Asimismo, los agentes económicos no enfrentaban un riesgo cambiario significativo y este era asumido por el BCCR con los movimientos en sus reservas.

Con la transición al esquema de metas de inflación en 2006, el BCCR introdujo el régimen de bandas cambiarias, en el cual el tipo de cambio se empezó a determinar por la oferta y demanda del mercado, con la particularidad que este podía fluctuar sobre un piso y un techo fijado por la autoridad monetaria. Al abandonar este sistema y empezar la flotación administrada en febrero de 2015, el mercado esperaba una mayor volatilidad en el tipo de cambio, sin embargo, la evidencia sugiere que eso no ha sucedido.

Adicionalmente, en Aldesa estimamos un modelo de tendencia del tipo de cambio, con el fin de utilizar los residuos para así estimar la volatilidad del tipo de cambio. La evidencia muestra que durante el periodo de minidevaluaciones la volatilidad era prácticamente nula, con excepción de periodos muy específicos. Asimismo, nuestro modelo sugiere que en el sistema de bandas la volatilidad fue mayor que en el sistema de flotación administrada, cuando a priori se podría esperar una mayor flexibilidad sobre el tipo de cambio. Incluso, de acuerdo con nuestros cálculos, durante el sistema de bandas cambiarias el tipo de cambio fue 2,68 veces más volátil que en el periodo de flotación administrada.

Lo anterior se debe en gran medida a que, desde la introducción de la flotación administrada, el riesgo cambiario no ha sido completamente asumido por los agentes económicos, sino que este ha sido compartido por el BCCR. Evidencia de lo anterior es la disminución de sus reservas durante el primer semestre del año, al pasar de US$7.834,1 en diciembre 2016 a US$6.812,6 en junio 2017.