Al cierre de octubre el déficit fiscal acumulado alcanzó el 4,5% del PIB, dato superior en 0,6 puntos porcentuales (p.p.) al registrado en octubre 2016. Ese resultado se explica por una menor recaudación tributaria y un mayor gasto en intereses. El primero ha venido en deterioro por la desaceleración en la actividad económica, mientras que al segundo lo justifica un constante aumento de la deuda.

En línea con lo anterior, el Ministerio de Hacienda anunció recientemente una nueva emisión de deuda en dólares mediante un mecanismo llamado contrato de colocación (CR: Sin solución fiscal solo queda patear la bola hacia adelante), por un monto de US$1.500 millones a un plazo de 10 años. El objetivo es emitir deuda interna a través de inversionistas internacionales, evitando pasar por la aprobación del Congreso.

Lo anterior, en el corto plazo permitirá al gobierno restar presión sobre las tasas de interés locales y poder captar recursos para sus necesidades de más corto plazo. No obstante, en el mediano plazo trae un deterioro en el perfil de deuda del gobierno, por el incremento en el riesgo cambiario y mayores presiones para el gasto en intereses.

Dicho esto, en el 2011 el porcentaje de la deuda en moneda extranjera sobre el total era de 30%, mientras en la actualidad ya es de 40%. Bajo dicha emisión ese porcentaje se espera que siga aumentando considerablemente. En cuanto a los intereses, se mantienen como el componente del gasto que más ha crecido. En octubre de 2013 representaban 2,0% del PIB mientras que en 2017 del mismo mes pesaban 2,5% del PIB.

En Aldesa seguimos sosteniendo que los riesgos más importantes en las finanzas públicas son los determinantes en la sostenibilidad de la deuda en el mediano plazo. Elementos como una mayor presión de gasto en intereses y una dolarización de la deuda contribuyen a ese riesgo.