Lograr un mayor crecimiento económico para crear más fuentes de empleo es la principal consigna del futuro presidente de los Estados Unidos en materia económica. Para ello, complementará los estímulos monetarios con políticas fiscales expansivas, a través de un mayor gasto de gobierno, el cual llegará a fortalecer la infraestructura y a sectores como el energético y la construcción. A la vez, reducirá los impuestos a las corporaciones para incentivar una mayor inversión.

Ambas estrategias conducirían ciertamente a acelerar la economía y crear empleo, a costas de un mayor endeudamiento del Gobierno, parcialmente compensando al reducir otros programas sociales como el “Obamacare”. Además, es probable que dado este escenario, el partido republicano facilite un mayor endeudamiento del Gobierno, al ser una mayor deuda justificada en estímulos para creación de empleo y no para programas sociales.

Una economía con mayor crecimiento también traería presión inflacionaria y el escenario más fácil para que la Reserva Federal, bajo el esquema que ha manejado, tenga el camino más fácil para subir las tasas de interés de forma gradual y conducir a la normalización. Sin embargo, para lograr lo anterior, no solo se necesita tiempo para medir si la economía consolidó el crecimiento, sino esperar a que se aclare el propio futuro de los diferentes miembros de la FED, especialmente el de Janet Yellen.

El escenario de mayor riesgo, es si las medidas en pro del crecimiento no se materializan de forma significativa, llevando todavía a más largo plazo un escenario de bajas tasas de interés y poco crecimiento. De lo contrario, el escenario de una gradual normalización en tasas de interés podría estar en camino, y más bien, los estímulos fiscales comenzarían a evaluarse para otras economías avanzadas.