La Reserva Federal (FED) fue una de las entidades que recibió más ataques de Donald Trump durante la campaña presidencial. Para Trump, esa entidad ha sido cómplice al impulsar estímulos monetarios y  bajas tasas de interés por más tiempo del necesario, con el objetivo de mantener la estabilidad en las políticas del Gobierno de Obama, dejando entredicho la independencia de la entidad en el manejo de su política monetaria.

En diferentes momentos, la FED dejó claro que cualquier decisión sobre las tasas dependería de la evolución de los datos. En el corto plazo,  el ente tiene el espacio para volver a ajustar las tasas de interés en diciembre, en medio de lo que considera un mercado laboral estable, un tercer trimestre con mejor crecimiento y expectativas de que la inflación podría subir en el futuro.

La lenta velocidad de la FED para ajustar las tasas está relacionada en parte con los límites de la política monetaria para aportar más al crecimiento y con ello la creación de mayor empleo. De esto, también padecen actualmente otras entidades como el Banco Central Europeo y el Banco Central de Japón.

Sin embargo, los estímulos fiscales que impulsaría Trump, podrían contribuir al crecimiento y el empleo, de forma que allanaría el camino para que el banco central estadounidense poco a poco vaya a la normalización en el nivel de las tasas. Aunque Trump ha expresado que las tasas deberían estar en otros niveles, lo cierto del caso es que gran parte del estímulo fiscal que propone llegaría a través de más deuda y esta se obtendría en mejores condiciones si las tasas se mantienen bajas. 

Hoy el Presidente de la Reserva Federal de St. Louis expresó que es probable que las tasas de interés bajas sigan siendo el patrón en los próximos dos o tres años, previendo un único aumento en el corto plazo. Esto lejos de crear una divergencia respecto a otros miembros que han apostado por subir las tasas en reuniones anteriores, converge a que efectivamente un cambio está próximo a darse, pero que esto no implica una nueva ruta hacia la normalización en las tasas de interés en el corto plazo, sino que debería ir de la mano a la evolución futura de la economía.