Recientemente han surgido cuestionamientos en torno a la eficacia de la política monetaria expansiva que impulsaron posterior a la crisis financiera del 2008 los bancos centrales más importantes del mundo, encabezados por la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) y seguido por el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco Central de Japón.

La inyección de liquidez a bajo costo, con tasas de interés en mínimos históricos y la compra de deuda han sido parte de las herramientas más utilizadas, con el objetivo de dinamizar la producción, disminuir el desempleo y evitar la deflación.

Estados Unidos es el primer país con efectos positivos, tras encontrarse cerca del pleno empleo y en ruta a su objetivo inflacionario del 2.0%, lo que ha llevado a  varios miembros de la FED a posicionarse en torno a la normalización de las tasas de interés, proponiendo ajustes al alza. Sin embargo, los resultados en el crecimiento económico han sido modestos y menores a los esperados, provocando que analistas discutan sobre la efectividad y los límites actuales de la política monetaria.

En el crecimiento estadounidense, destaca un mayor fortalecimiento de la demanda interna, es decir, el consumo de los hogares, los cuales han contribuido de forma importante al crecimiento total; pero el comportamiento de las empresas no ha sido el previsto, de manera que gran parte de la liquidez a bajo costo no necesariamente se ha invertido en los bienes de capital que necesita la economía para crecer a través de nuevas proyectos que producen encadenamientos y fuentes de empleo.

Una de las razones que explican lo anterior es la incertidumbre de las propias empresas para decidirse por proyectos de inversión, muchos de los cuales son de largo plazo, pues continuamente la expectativa de un ajustes al alza en las tasas de interés ha mermado la decisión de las compañías para emprender estos proyectos. Lo paradójico es que gran parte de esta expectativa ha sido propiciada por los propios miembros de la Reserva Federal, dificultando que los agentes económicos actúen en función a las metas trazadas por la misma entidad, de manera que el papel de la formación de expectativas es fundamental para que la FED no tenga los resultados esperados.

Además, se ha sumado una divergencia en lo que persigue la FED versus lo que persiguen otros bancos centrales, caso del BCE que intenta reactivar la economía, para reducir un desempleo que supera el 10%, y Japón que tampoco logra consolidar el crecimiento ni salir de la deflación.

Lo anterior ha traído a la mesa de debate la política fiscal, así como la discusión en torno a reformas estructurales para implementar en las economías. Por ahora, la política monetaria expansiva parece haber obtenido logros importantes, cuyo mecanismo de transformación puede ser más eficaz y complementado con otro tipo de medidas.