Este jueves se dieron a conocer las esperadas medidas de política monetaria del Banco Central Europeo, donde se anunció una disminución de 10 puntos base en la tasa que cobran a las reservas de los bancos, la cual quedó en -0,3%, y una extensión del paquete de compras de setiembre 2016 a marzo 2017, por lo que el paquete total podría alcanzar los 1.440 millones de millones de euros. Estos esfuerzos fueron inferiores a los anticipados por los inversionistas, por lo que la reacción de algunos indicadores fue negativa.

Debido al accionar de la entidad, que suele sorprender de forma positiva a los mercados, las medidas menores a las esperadas desencadenaron una serie de movimientos en los mercados financieros: el euro se disparó del US$1,06 a US$1,09, los rendimientos de los bonos subieron y las acciones europeas terminaron el día con pérdidas superiores al 2%.

En la conferencia de prensa el presidente de la entidad monetaria, Mario Dragui, señaló que la decisión no fue unánime, con lo que se podría especular que él se encontró con cierta resistencia dentro de la entidad, por lo cual las medidas no fueron tan expansivas como sus recientes discursos señalaban. También es probable que la entidad no haya medido adecuadamente las expectativas del mercado, algo clave en la banca central moderna.

De forma indirecta, el Banco Central Europeo ha dicho que la debilidad del euro es una de las herramientas más efectivas para aumentar la inflación y seguir impulsando el crecimiento económico, por lo que la fortaleza que está presentando la moneda común después de la decisión no debe ser bien vista por la entidad. En virtud de ello, será clave seguir de cerca las declaraciones de las autoridades en los próximos días, así como determinar si la credibilidad del BCE se ha visto afectada por el anuncio de este jueves.