Este miércoles el banco central de Estados Unidos realizó los cambios necesarios a su comunicado, para volver a colocar sobre la mesa la posibilidad de una subida en su tasa de política monetaria durante la reunión de diciembre.

En setiembre pasado, cuando muchos en el mercado anticipaban el primer movimiento en años, con una votación de 9 contra 1, la entidad se abstuvo de subir la tasa. En ese momento la volatilidad en los mercados financieros, generada por la devaluación del yuan, redujo la confianza de los miembros votantes de que la inflación alcanzara su meta del 2%.

No obstante, en la reunión de ayer, la entidad eliminó la frase que hacía referencia a esa incertidumbre externa y, de forma explícita, señaló que el comité que toma la decisión evaluará en diciembre la conveniencia de subir tasas.

La noticia fue una sorpresa, debido a que los inversionistas ya estaban incorporando una postergación a los primeros meses del 2016. De esta forma, los rendimientos con vencimientos menores a los dos años en Estados Unidos subieron, al igual que lo hizo el dólar. En un mercado de futuros, los inversionistas aumentaron las probabilidades de que el movimiento se dé en diciembre del 35% al 45%.

Esta nueva etapa de la Reserva Federal, donde la que se ha convertido en un proveedor de volatilidad, en lugar de estabilidad en los mercados, obedece a que dentro de la entidad existen diferentes corrientes, dificultando la posibilidad de lograr un consenso, sobre todo en cuanto a expectativas futuras.

En Aldesa analizamos los discursos de los miembros que votan, desde mediados de agosto, y estos muestran tres corrientes de pensamiento dentro de la entidad, las cuáles explicamos a continuación.

Los que quieren subir tasas este año si los datos económicos se mantienen positivos.

Dentro de este grupo de seis miembros, que incluye a la presidenta de la entidad, Janet Yellen, existe una expectativa de que la fortaleza económica en Estados Unidos y particularmente en el sector de empleo se trasladará pronto a los salarios. La idea básicamente es que a medida en que se sigan creando empleos a las empresas se les dificultará conseguir la mano de obra deseada, retornando así el poder al empleado que podrá pedir mejores condiciones salariales, las cuáles serán trasladadas por las empresas a los precios, impulsando así la inflación.

Este grupo considera que los efectos de la política monetaria tienen un rezago, por lo que, el actuar ahora permitirá tener un impacto cuando las presiones inflacionarias se presenten en el futuro.

Yellen hace unas semanas se auto identificó dentro de este grupo, el cual incluye a miembros permanentes y muy influyentes como el vicepresidente de la entidad y el presidente de la Reserva de Nueva York, Stanley Fischer y William Dudley, respectivamente.

Los que quieren esperar a ver señales más claras de que la inflación va a subir.

Este es un grupo más cauto, con una actitud de “ver para creer”. Estos tienen menor confianza en la teoría de que mejoras en el empleo desencadenaran en presiones inflacionarias.

Lael Brainard, una de las dos mujeres en el comité que vota este año, ha dicho que “los riesgos de no alcanzar la meta de inflación han aumentado” y que ve poco peligro en esperar. A Brainard se le une Daniel Tarullo que el 13 de este mes dijo que ve “presiones desinflacionarias en todo el mundo”, por lo que “no es claro cuándo se acelerará la inflación ” en Estados Unidos. Este grupo de tres está finalmente conformado por Charles Evans, presidente de la región de Chicago, quien en diferentes entrevistas ha señalado que mediados de 2016 es una fecha adecuada para él.

El que ya hubiera subido tasas.

En esta categoría se encuentra únicamente Jeffrey Lacker, quien votó por subirlas en setiembre y en la reunión de ayer volvió a disentir con el resto. Él ha señalado su fuerte creencia en la fortaleza de la economía estadunidense y de cómo los factores recientes “no han afectado su perspectiva”.

¿Cuál grupo ganará?

Si se analiza por influencia, el grupo donde está la presidenta es el ganador; no obstante, ella buscará un consenso donde la mayoría se sienta cómoda, uniendo el grupo uno y dos. De hecho, el comunicado de este miércoles parece lograr ese objetivo, al señalar que en diciembre se analizará el progreso, “tanto el visto como el esperado”, hacia las metas de la entidad.

Antes de esa reunión, la cual sigue siendo una posibilidad, hay varios datos importantes que analizar, tal es el casos de dos reportes de creación de empleo, así como una conferencia de prensa de la presidenta el 2 de diciembre, unas dos semanas antes del encuentro, por lo que contarán con la suficiente información para determinar si ese será el momento adecuado.