El día de ayer el Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo su pronóstico de crecimiento global para este 2015 citando una “debilidad en las economías emergentes”, particularmente las exportadoras de materias primas, las cuales han visto como China demanda cada vez menos de sus productos estrella.

Frente al cambio en el modelo económico chino, donde el crecimiento vendrá del consumo interno, el mundo emergente mira a India con la esperanza de que este sea el nuevo gigante asiático en busca de metales y minerales extraídos de sus tierras.

La necesidad de un participante similar al dragón asiático es notoria si se toma en cuenta que ese era el destino del 60% del concreto y de la mitad del de cobre, aluminio y acero. Siempre se ha visto a India como una opción debido a sus similitudes con China; ambos cubren territorios extensos en Asia y su población supera los mil millones de habitantes.

Hacia futuro, las perspectivas de India son bastante buenas, ahí la población en edades productivas sigue crecimiento, a diferencia de China, donde la política de un hijo comenzó a tener efectos negativos. Además, India es el segundo país, después de Estados Unidos, donde más número de personas hablan inglés, lo que ha sido explotado por empresas de servicio de todo el mundo.

De igual forma, muchos indicadores cuentan con un potencial de crecimiento inmenso, el Producto Interno Bruto, por ejemplo, sigue siendo una quinta parte del de China, al igual que la medición per cápita. Asimismo, las necesidades de infraestructura, tanto pública como privada, podrían fácilmente remplazar a China como un mercado ideal para materias primas.

Sin embargo, no se puede esperar un boom similar al chino, donde la infraestructura que tomó décadas en Estados Unidos se hizo en apenas 10 años, como relata Goldman Sachs, un banco estadounidense. Lo anterior porque, a diferencia de China, India es una democracia, lo que implica un crecimiento más sostenible, pero el tiempo en el que se van a desarrollar los proyectos será más lento.

Según el FMI, durante los próximos años el crecimiento económico de India se mantendrá por encima del 7%, pero en el corto plazo es poco probable que los productores de “commodities” encuentren en India su nuevo cliente ideal, más aun donde las prioridades de Narendra Modi, el primer ministro, están centradas en construir unos 60 millones de servicios sanitarios, lo que requiere materias primas, pero no a los niveles que lo hacían varios rascacielos chinos.