El último trimestre ha sido uno de los más difíciles en años para los mercados emergentes; entre los meses de julio a setiembre los inversionistas vendieron unos US$40.000 millones de activos de esos países, el número más grande desde la crisis de 2008, según datos del Instituto Internacional de Finanzas.

El apetito por invertir en estas regiones se desplomó por temores sobre la desaceleración económica china, la caída en los precios de las materias primas y la posibilidad de que la Reserva Federal termine con una era de fondeo barato, factores que impactan directamente a estos países y coloca en la mente de los inversionistas el fantasma de la crisis de 1997.

Dicha salida de capitales incorpora presión sobre las monedas más liquidas, como el real brasileño y el peso mejicano, las cuáles se devaluaron a niveles no vistos ni después de la caída de Lehman Brothers, lo que obligó a los respetivos bancos centrales a intervenir para suavizar la caída.

La menor demanda por materias primas, debido al cambio de enfoque de crecimiento chino, significa un “shock” de oferta importante para algunas economías como Brasil, Malasia o Sudáfrica, por lo que algunas ya presentan contracciones en su crecimiento. No obstante, la flexibilidad de los sistemas cambiarios es una diferencia importante entre los emergentes de ahora y los de finales de los noventas.

Dicho lo anterior, los inversionistas se muestran muy pesimistas, debido al endeudamiento de algunas empresas, así como a la combinación de problemas económicos y políticos en países como Brasil o Rusia. Un reporte reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI) encendió más la desconfianza al señalar que la deuda de empresas no financieras en emergentes pasó de los US$ 4.000.000 millones en 2004 a los US$14.000.000 millones en 2014, corporaciones que tendrán que refinanciar esta deuda en condiciones menos favorables, donde sus productos están a la mitad de lo que estaban hace un año y con una moneda local que vale cada vez menos.

Dadas esas condiciones, los emergentes deben de prepararse para “defaults esporádicos” advirtió el FMI, impulsando así a más inversionistas a salir de algunas de las empresas más endeudadas, pero también de otras donde la coyuntura actual debería de beneficiarlas. Es por ello que las fuerzas de ventas han afectado incluso los bonos costarricenses, aunque no a niveles de otras economías con exposición a “commodities” como Chile, México o Colombia.

En los últimos días se ha visto mayor estabilidad, a medida en que los inversionistas buscan oportunidades; sin embargo, el proceso de ajuste para algunos países aun va por la mitad, así lo señala un análisis de Morgan Stanley, un banco estadounidense, donde resaltan a economías como México, India e Indonesia, en las cuales lo peor parece estar por terminar en comparación con Brasil y Turquía, donde se requerirá de un ajuste mayor.