Este miércoles la calificadora de riesgo Standar & Poor´s despojó a Brasil de su apreciada calificación de grado de inversión. Durante los últimos meses la desaceleración económica, la caída en los precios de las materias primas y la incertidumbre política nublaron el panorama de un país que solo hace unos años era el favorito de inversionistas a nivel mundial.

La economía brasileña se encuentra en una situación de “estanflación” (contracción económica y alta inflación), lo que ha generado un círculo vicioso, donde el banco central tuvo que subir tasas de interés para atacar las presiones inflacionarias, afectando aún más la inversión y el consumo. Esas últimas, además, se han visto golpeadas por la cancelación de proyectos de construcción relacionados con empresas implicadas en el escándalo de corrupción de Petrobras.

No obstante, parece que el disparador del ajuste en la calificación fue el presupuesto del gobierno para 2016, el cual lleva a la nación a un déficit primario (antes de contabilizar pago de intereses) no visto desde los años oscuros en que esa economía sufrió de hiperinflación. El presupuesto muestra además que toda la amortización de intereses se hará con la emisión de deuda, lo que puede ser un problema si el país sigue viéndose más riesgoso ante los ojos del mercado.

Brasil, al igual que Costa Rica, tiene un porcentaje importante de gastos no discrecionales, por lo que si se desea corregir el desequilibrio fiscal es necesario pasar leyes en el Congreso, algo poco probable para la presidenta Dilma Rousseff, quien posee niveles de popularidad en mínimos históricos.

¿Cuál ha sido la reacción del mercado?

A pesar de que la reducción no fue una sorpresa para muchos, la reacción impactó el valor de los activos brasileños. El real, la moneda local, cayó un 1,5% durante la sesión de la mañana, alcanzando los 3,83 por US$ y el costo de los seguros ante “defaults” de la deuda subió a niveles no vistos desde 2009.

Los bonos del gobierno ya se estaban negociando por encima del promedio de otros países con grado de inversión, por lo que la decisión de S&P tuvo poco efecto en esos.

Respecto a los bonos corporativos, entre los más golpeados se encuentra la empresa Petrobras, donde el de vencimiento al 2021 se negocia al 9,6% después de estar ayer miércoles en los 9,01%.

¿Qué esperar?

Para efectos técnicos, Brasil sigue siendo Grado de Inversión, ya que diferentes índices y clientes institucionales requieren de dos calificaciones en este nivel y el país las tiene (por Moody´s y Fitch), lo que evita una caída más fuerte en los precios de los bonos.

Sin embargo, si uno de esos redujera la calificación (quizá Fitch es más probable) se vería una fuerte venta de activos brasileños. Dicha reducción vino acompañada de una perspectiva negativa, lo que deja abierta la posibilidad de un nuevo ajuste en los siguientes 12 meses.

Desde el punto de vista económico, es difícil ver un piso cercano para el ajuste de Brasil. La inflación seguirá subiendo, debido a la devaluación de la moneda, y el deterioro de los términos de intercambio junto con los escándalos de Petrobras continuará impactando la inversión.

La devaluación de la moneda tendría un efecto positivo sobre las exportaciones, el problema en este caso es el peso de las exportaciones brasileñas a China, país que no solo se está desacelerando, sino que ya está consumiendo menos de los productos estrella de Brasil.