Pocas palabras son tan seguidas y escrudiñadas en el mundo como las que salen de la boca de Janet Yellen, la presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED). Y es que la característica del dólar de ser moneda de reserva mundial hace que sus decisiones tengan repercusiones desde Río de Janeiro hasta Pekín.

Janet Yellen ha estudiado por años el desempleo y los factores que lo generan, por lo que su designación fue bien recibida por el mercado en 2014, cuando la tasa de desempleados estaba en el 7%. En la jerga de bancos centrales Yellen es considerada una “dove” (paloma, en inglés), refiriéndose a personas que suelen preocuparse más por el desempleo que por la inflación, muy oportuno en la recuperación actual, donde la inflación ha estado ausente.

Yellen fue una de las principales propulsoras del comunicado de hace un par de años, en donde la entidad monetaria dijo que mantendría tasas bajas hasta que la inflación llegara al 2% y el desempleo cayera a 6,5%; lo que claramente influyó en las expectativas y en reducir el desempleo, que ahora ronda el 5%.

La jerarca considera que la FED debe evitar sorprender a los mercados, por lo que los movimientos requieren ser bien telegrafiados previamente, característica que pudo haber influido en su decisión de mantener sin cambios la tasa de política monetaria en la reunión de hace unos días.

La presidenta es conocida por ser extremadamente metódica y varios compañeros de la Reserva Federal han señalado que siempre llega a las reuniones muy preparada; además, se apasiona por modelos macroeconómicos que le ayudan a formar sus expectativas y, por ende, el camino que deberá seguir la FED.

Durante un discurso la semana pasada, en una universidad estadounidense, Yellen dio una amplia explicación técnica que respalda su intensión de subir tasas de interés este año. En un detallado informe que incluía gráficos y diferentes modelos económicos la presidenta se reveló como uno de los “varios” miembros que anticipan una subida antes de que termine el 2015.