Una de las causas de la corrección que presentaron los principales índices bursátiles en agosto fue el temor de que la salida de capitales de economías emergentes genere una crisis similar a la que impactó Asia en la última parte de los años noventa. Un fortalecimiento del dólar debido a una eventual subida de tasas en Estados Unidos, baja inflación inducida por la caída en los precios en las materias primas y la salida de capitales, son algunas de las similitudes entre la coyuntura que enfrentan las economías emergentes ahora y las asiáticas en 1997.

La comparación se ha intensificado después de que el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) dedicara su análisis trimestral a las economías emergentes. En el documento, dado a conocer durante el fin de semana, la organización advierte que “la desaceleración de China y la apreciación del dólar han reducido las expectativas de crecimiento e incrementado los riesgos a la sostenibilidad financiera de estas naciones”.

Dichos países ya se han isto golpeados, debido a la caída en los precios de las materias primas; no obstante, la devaluación del yuan de hace unas semanas les ha puesto más presión. Ese movimiento podría señalar una debilidad mayor de China, pero también puede buscar hacer sus exportaciones más competitivas, perjudicando a otros exportadores de la zona. En virtud de ello, las perspectivas de estas economías se han deteriorado rápidamente.

Como resultado Brasil está en recesión y las monedas de Malasia, Filipinas, Tailandia, México y Chile cayeron a niveles cercanos a los vistos en la crisis de 2008.

Sin embargo, existen diferencias importantes entre la situación actual y 1997: la flexibilidad de los regímenes cambiarios y la cantidad de reservas internacionales. La crisis de los años noventa se generó porque muchas economías tenían regímenes cambiarios rígidos, por lo que al darse las salidas de capitales los bancos centrales usaron sus reservas hasta que estas ya no alcanzaron y tuvieron que devaluar de forma agresiva sus monedas.

Pero, en la actualidad, muchas economías tienen regímenes más flexibles, lo que permite que sus monedas se devalúen sin poner presión sobre las reservas internacionales, las cuáles son significativamente más altas que en los noventas, después de años de acumulación, producto de las políticas expansivas de la Reserva Federal.

La deuda, por su parte, si puede representar un problema, más aún si se toma en cuenta que los países están hoy más endeudados de lo que lo estaban en los noventas; no obstante, la estrategia de búsqueda por rendimiento de los últimos años hizo que inversionistas de todo el mundo compraran deuda denominada en monedas locales, por lo que en la actualidad solamente un 25% de la deuda corporativa de los emergentes está dolarizada y, por lo tanto, susceptible al riesgo cambiario.

Conforme con lo anterior, es cierto que el mundo emergente está viviendo un fuerte ajuste y que aún no ha terminado; no obstante, una comparación con la crisis asiática parece, hasta al momento, una caracterización un poco pesimista.