La incertidumbre sobre la salud de la economía china ha generado movimientos en los mercados financieros que no se habían visto desde el clímax de la crisis financiera de 2008; la posibilidad de una desaceleración mayor, así como la impresión de que las autoridades de ese país no tienen el control de la economía preocupa a inversionistas.

Recientemente el Fondo Monetario Internacional (FMI) presentó un informe del análisis realizado por su equipo, acompañado de algunas recomendaciones y el punto de vista de las autoridades chinas sobre algunos temas, lo que lo hace más interesante.

En el documento la entidad resalta que el país se está moviendo hacia un crecimiento más modesto, pero también más seguro y sostenible. Con el fin de evitar una desaceleración en la crisis de 2008, el país implementó un modelo basado en la colocación enorme de crédito e inversión en infraestructura, impulsando indicadores de crédito a “niveles excesivos” y a una sobre oferta de desarrollos inmobiliarios.

Según el informe al 2014, el crédito al sector privado representaba un 150% del Producto Interno Bruto, mientras que en 2003 apenas superaba el 100%. Mucho de este crédito fue colocado a empresas y no tanto a hogares, explica el informe.

Conforme con el FMI, tal recalibramiento de la economía no podrá darse sin una desaceleración; sin embargo, se deben de implementar medidas para que esta no sea agresiva, ya que exacerbaría las vulnerabilidades que el modelo “anterior” generó.

El análisis explica que las autoridades coinciden con que la nueva dirección es la correcta, aunque difieren en algunas de las mediciones que suponen que el crédito es un problema, al considerar que el incremento es consistente con “una mayor profundización del sistema financiero”, algo positivo para la economía, dice el documento.

El reporte toca el tema del “shadow banking”, lo que básicamente se refiere a operaciones crediticias que no son reguladas; la entidad resalta que se logró reducir en los últimos años y señala que, aunque su tamaño es menor (US$3 millones de millones) en comparación a economías desarrolladas, sigue siendo un riesgo potencial para el país.

El documento establece que China es la economía más grande del mundo, midiéndolo por capacidad de compra, y que aún tiene espacio para crecer al tener un PIB per cápita, lejano del de las naciones industrializadas; no obstante, el país se enfrenta a un recalibramiento que no será fácil y los riesgos podrían intensificarse si no se toman las políticas adecuadas, temor de muchos en el mercado.