La caída en los precios de las materias primas las llevó a niveles similares a los alcanzados después del desplome del banco estadounidense Lehman Brothers; así lo muestra un índice que calcula Bloomberg, el cual sigue una canasta de esos productos. Dicha situación ha dividido a Latinoamérica entre el grupo beneficiado por esta coyuntura y los que están sufriendo por el ajuste.

El Fondo Monetario Internacional ve a Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, y Uruguay creciendo, en promedio, un 2,1%; cifra lejos de las tasas de hace unos años, que hicieron a muchos de esos países los favoritos de los inversionistas.

Dentro de los más golpeados sobresale Brasil, que se encuentra en recesión; el real, la moneda local, perdió un 30% de su valor y existe el riesgo de que pierda el grado de inversión por alguna de las tres grandes calificadoras. Otro de los afectados es Venezuela, donde el Fondo Monetario espera una contracción de hasta el 7% durante este año, en tanto algunos analistas aumentaron sus advertencias de que el país podría experimentar un periodo de hiperinflación, algo difícil de saber, debido a que el gobierno dejó de publicar datos económicos.

Por otro lado, se encuentran los países que son importadores netos de materias primas, los cuáles han visto mejorar sus términos de intercambio. En este grupo sobresale Centroamérica y República Dominicana, que en promedio, crecerán un 4,1%. En estas economías la caída en los precios de las materias primas se refleja en la desaceleración que expone la inflación; todos los países presentan mediciones por debajo de los rangos metas de los bancos centrales.

Costa Rica es uno de los beneficiados de esta coyuntura, las mejoras en los términos de intercambio, junto con el acceso al crédito, impulsaron el consumo interno, lo que ha compensado, en parte, los efectos de la salida de la planta de Intel, así como el impacto del fenómeno El Niño. Según el Banco Central, el crecimiento del 4,9% en la demanda interna ayudó a minimizar el impacto de la caída del 6% en la demanda externa durante el primer semestre.

Esta divergencia se mantendrá incluso durante el próximo año, a medida en que las economías con una alta dependencia de las materias primas se ajustan a la nueva realidad, ya que no existe un comprador sediento de todo lo que puedan extraer de sus territorios, como lo era China.