Hace una semana, después del referéndum, parecía que Grecia y su primer ministro Alexis Tsipras tenían un mayor poder de negociación ante la Troika (Unión Europea, Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo); sin embargo, en las reuniones de este domingo el poder se tornó hacia el lado alemán.

En dicho encuentro se presentó a Tsipras una lista de solicitudes bastante fuertes a cambio de una ayuda por hasta 82.000 millones de euros (US$91.000 millones); la propuesta inicial contenía la posibilidad de una expulsión temporal del euro (por 5 años) si no se lograba un acuerdo. Ese plan demuestra la falta de confianza que le tienen a Grecia algunos de los acreedores, encabezados por Alemania, donde también se encontraban Finlandia, España y Portugal.

Bajo el nuevo pacto, Grecia tiene tiempo hasta el miércoles para pasar una reforma tributaria, así como aprobar algunos ajustes al sistema de pensiones.

Además de esto, Grecia deberá de “mover” activos propiedad del estado a un fondo que deberá generar, mediante su venta, unos 50.000 millones de euros (US$55.500 millones). Dicho dinero se utilizará para pagar los préstamos a la Eurozona, capitalización de la banca e inversiones. Desde el inicio de la crisis los acreedores han presionado por una privatización de activos, y esta es la forma en que se aseguran que las promesas se cumplan.

Las dos medidas más controversiales ceden parte de la soberanía griega a la Troika. Grecia deberá reversar leyes en el parlamento impulsadas por Siryza, el partido al mando, que vayan en contra de acuerdos que se tomaron en paquetes de ayuda pasados. Adicionalmente, la Troika podrá revisar leyes consideradas de importancia antes de ser enviadas al parlamento griego. Con tales medidas, básicamente, se eliminan las promesas hechas en la campaña política de Tsipras.

Esas últimas son criticadas por algunos analistas políticos. Después de la noticia, unos de los “hastags” más usados en la plataforma Twitter fue el de #ThisIsACoup (Esto es un golpe de estado, en inglés). Un potencial descontento del pueblo griego o hasta la necesidad de formar un nuevo gobierno podrían estar en el horizonte, por lo que el trato logrado ayer domingo aún no significa que Grecia dejará de inyectar incertidumbre a los mercados.