Las reuniones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) solían ser eventos de gran importancia, seguidas muy de cerca por todos los países, principalmente de occidente. Ello porque aún está en la mente de las personas el año 1973, cuando la organización ocasionó una recesión global al detener las exportaciones de crudo a Estados Unidos, como represalia por el apoyo a Israel en la Guerra de Yom Kippur.

Sin embargo, la reunión de la semana pasada dejó claro la pérdida de poder de este grupo, el cual, cortando o aumentando la producción, ya no mueve el precio del petróleo. Papel que parecen tener ahora cientos de productores privados estadounidenses.

En este encuentro, la organización volvió a dejar sin cambio su producción, de aproximadamente 30 millones de barriles de crudo por día. El ente entiende que si reduce su actividad, y el precio aumenta, muchos proyectos en Estados Unidos se hacen, de nuevo, rentables; lo que los incentiva a aumentar su producción, en un momento donde los datos señalan que existe un exceso de oferta.

Según datos de la Agencia de Energía Estadounidense, la oferta del crudo en el primer trimestre de este año fue superior a la del anterior en 3,2 millones de barriles por día. Eso a medida que los miembros de la OPEP siguieron aumentando la producción y que nuevos participantes volvieron al mercado; como es el caso de Irán.

Por otro lado, la demanda sí aumentó, aunque no lo suficiente. Por lo que mucho petróleo está siendo almacenado no solo en tierra, sino en grandes embarcaciones. Según Bloomberg, la OPEP tendría en movimiento unos 500 millones de barriles en junio, buscando compradores.

La decisión de la OPEP es histórica y deja al precio en manos de la oferta y demanda. Sin embargo, esta decisión no es compartida por todos los miembros. Muchos analistas la ven fuertemente influenciada por países ricos como Arabia Saudita, que cuentan con grandes reservas monetarias, debido a años de vender el crudo a un sobreprecio. Por otra parte, están las economías más débiles, como Venezuela o Algeria, las cuales solicitaron un corte en la producción.

La identificación de los productores estadounidenses como “el principal enemigo” de la OPEP se hizo aún más explícita en esta reunión. El secretario general del cartel, Abdallah Salem el-Badri, dijo abiertamente que quizás el grupo reconoció el riesgo de los productores estadounidenses “dos años tarde”, por lo que su impacto fue una sorpresa para los países miembros.

La producción estadounidense por su parte sigue creciendo, y aunque unas empresas si han cerrado o reducido su producción, mejoras en competitividad hacen al sector más fuerte de lo esperado, o al menos más de lo que los saudís anticipaban.

Esta nueva realidad es entendida por la OPEP y quedó plasmada en una declaración de el-Bradi al terminar la reunión cuando dijo: “la realidad es que no podremos tener más un precio de US$100, el hecho es que tenemos menos valor para nuestro barril”.

Hasta el momento los precios del crudo se han estabilizado alrededor de los US$60, referencia estadounidense. Claramente un evento político en algún país productor podría hacer que el precio suba; no obstante, los fundamentales señalan que el nivel actual es una especie de techo, ya que niveles superiores incrementarían la oferta volviéndolos a presionar a la baja.