En febrero comentamos que el mercado estaba celebrando una extensión de cuatro meses en un plan entre Grecia y sus acreedores, con el fin de utilizar ese tiempo para renegociar uno nuevo. Tal y como lo esperábamos en ese momento, ambas partes están aún en la mesa de negociación, a días de finalizar el plazo.

El país aún tiene tiempo para llegar a un acuerdo; no obstante, dicho plan debe de ir a varias autoridades para que se pueda aprobar. En primer lugar, se tiene que llegar a un acuerdo entre Grecia y la llamada Troika (Unión Europea, Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional); posteriormente, debe de ser votado en el parlamento griego y después en los de los otros países europeos.

Syriza, el partido que tiene el poder en Grecia, llegó ahí prometiendo una relajación de las medidas de austeridad, algo que no es bien recibido por la Troika y, principalmente, Alemania. Según periódicos europeos, el borrador más reciente obligaría a Grecia a mantener un superávit primario, es decir, sin incluir el pago de intereses, del 1% durante este año y uno del 2% el próximo. Cifras más altas de lo que Syriza desea.

Las últimas noticias señalan que, durante el fin de semana, las autoridades de ambos lados continuaran con las negociaciones; sin embargo, se ve una fuerte resistencia por parte del Fondo Monetario Internacional, el cual está insistiendo en una reducción en las pensiones del país, que según la entidad son insostenibles.

Hoy los mercados se vieron afectados. En Europa la mayoría de índices perdieron, en promedio, un 1%; con fuertes caídas en las acciones de los bancos griegos. Ello a medida en que el mercado reconoce que Grecia podría volver a caer en “default” (cese de pagos), ya que necesita cancelar unos 1,5 billones de euros (US$1,7 billones) a final de mes.

Un “default” o atraso en esa deuda no representarían necesariamente una salida del país del euro, aunque si inyectaría más incertidumbre a una economía que ya estaba en el camino a la recuperación antes de que llegara el nuevo presidente.