Desde hace unos años muchos analistas han estado pronosticando, sin éxito, el declive de China. Los escenarios han señalado, desde una eventual crisis inmobiliaria, hasta la posibilidad de que algunas provincias no puedan hacer frente a grandes deudas, que adquirieron después de la crisis mundial de 2008.

La razón por la que no se cumplen estos escenarios es porque se tratan de trasladar episodios de economías democráticas, donde las fuerzas del mercado tienen un peso importante, a una donde existe una completa centralización del poder.

Actualmente, la alarma la está encendiendo el mercado accionario del gigante asiático y, a diferencia de las ocasiones anteriores, esta vez parecen tener fundamento. De hecho, esta semana la revista especializada The Economist le dedicó un reportaje especial al tema.

El principal índice de ese país, el Shanghai Composite, ha subido un 47% este año, pero aún más sorprendente es el Shenzhen Composite, conformado por acciones de empresas tecnológicas, cuyo valor se ha duplicado en 2015. En este ultimo la razón precio sobre ganancias, que se usa para medir el costo relativo de las acciones, está en 70 veces; lo que contrasta unas 23 veces con el Nasdaq, un índice similar de Estados Unidos.

Dicho movimiento se ha dado a medida en que los mismos residentes se abalanzan sobre este mercado. Al existir pocos espacios donde invertir, ahora que el mercado inmobiliario mostró señales de desaceleración, muchos han movido sus ahorros a este sector, con la expectativa de que el gobierno anuncie medidas adicionales para estimular el crecimiento, lo que generalmente es positivo para las acciones.

Según datos de BNP Paribas, un banco francés, en el país se abren unas 170 mil cuentas nuevas cada día.

A las autoridades chinas les preocupa este comportamiento, hace poco enviaron un comunicado solicitando a la ciudadanía no endeudarse para comprar acciones. Ello evidencia que se trata de un típico escenario de especulación. El asunto con las burbujas, es que no se sabe cuándo “estallarán”, por lo que muchos inversionistas siguen entrando al mercado esperando salirse a tiempo.

Los niveles donde se encuentran los índices son tan altos que es muy probable una corrección, a menos de que los datos económicos comiencen a respaldar tales precios. Sin embargo, cuando se dé, el efecto sobre la economía será menor que en otras experiencias, debido a que el valor de mercado del sector bursátil chino significa solo un 40% del Producto Interno Bruto, mucho menos de lo que representa en economías más desarrolladas.