Hace un mes los mercados internacionales celebraron una extensión del programa de ayuda de los países europeos a Grecia; sin embargo, el trato se dio postergando las decisiones difíciles. En estos días, ambas partes regresaron a la mesa de negociación y las presiones en la liquidez de Grecia han vuelto a inyectar cierto nerviosismo en los mercados.

Las negociaciones se están dando bajo un problema de liquidez del gobierno. Al cierre de este mes Grecia tiene un vencimiento de €1,7 billones (US$1,85 billones) de una nota y un pago el 9 de abril al Fondo Monetario Internacional por €450 millones (US$491 millones); pero, según autoridades europeas, el país no tiene los recursos para hacerles frente.

A manera de ejemplo, de la necesidad de recursos, esta semana el gobierno le solicitó al sistema de salud local unos €50 millones de sus reservas, para pagar los salarios de trabajadores de algunos hospitales. De igual forma, se han sacado recursos de otras entidades públicas, como el sistema de trenes y una generadora de electricidad.

Lo anterior, ha puesto en alerta al Banco Central Europeo (BCE), que ha decidido revisar la legalidad de implementar controles a la salida de capitales del país, para evitar una corrida en los bancos y, al mismo tiempo, le solicitó a los bancos griegos no comprar más deuda de ese gobierno, para limitar su exposición.

Esta incertidumbre, y el discurso radical del partido en el poder, no le han permitido a Grecia beneficiarse del programa de compra de bonos implementado por el BCE. Mientras que el resto de miembros de la eurozona se financian a costos más bajos que Estados Unidos, los bonos griegos a 2 años rinden un 19%.

Las negociaciones entre Alexis Tsipras, presidente griego, y el resto de la Eurozona continúan; sin embargo, ahora más que nunca parece que el tiempo está en su contra.