Durante el momento más crítico de la crisis de deuda de Grecia, el país recibió préstamos de un grupo conocido como la Troika; conformado por la Eurozona, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, tales ayudas estuvieron sujetas a fuertes reformas, las cuales incluían la extensión de la edad para pensionarse, la privatización de algunos servicios, así como fuertes cortes en el gasto del gobierno.

Estas medidas han sido efectivas, ya que para 2015 se esperaba un superávit primario, que excluye el pago de deuda, del 4% del PIB y un crecimiento de la economía cercana al 2%. Pero, por otro lado, los cortes han disparado el desempleo, que se encuentra cercano al 25%, llevando a muchos muy cerca del nivel de pobreza.

Dicha situación ha generado un descontento entre los griegos y por eso votaron de forma masiva por el partido populista Syriza . El líder, Alexis Tsipras, señaló su intención de quedarse dentro de la Eurozona, algo que comparten dos terceras partes de la población; no obstante, presentó su determinación de poner un alto a las reformas que han reducido la calidad de vida de las personas.

Después de solo horas de estar en el poder, Syriza anunció que detendrá la venta del puerto más grande, contratará miles de empleados y reabrirá un canal de televisión nacional, el cual había sido cerrado para reducir gastos. Estas medidas no han sido bien recibidas por el resto de los países del área y tampoco por los inversionistas, quienes han estado vendiendo acciones de empresas locales.

El siguiente paso, según el nuevo gobierno, es renegociar los préstamos; sin embargo, es muy probable que se encuentre con una fuerte resistencia, sobre todo de Alemania, que no está anuente a relajar las condiciones de las ayudas. En las próximas semanas el mercado estará atento a esta situación, con el fin de ir identificando cuál cederá.

Por el momento, la situación de Alexis Tsipras parece ser incomoda, debido a que tiene una responsabilidad con los que votaron por él, pero no puede salirse del euro y provocar una crisis aún peor; lo que ningún griego quiere.