En los últimos meses los mercados han estado especulando sobre la posibilidad de que el Banco Central Europeo desarrolle un plan de compra de bonos soberanos, conocido como Quantitative Easing.

Programas de este tipo han sido exitosos en Estados Unidos, Inglaterra y Japón en reducir el riesgo de deflación; de hecho la semana pasada este último anunció una inyección de liquidez aún más agresiva.

Pero, ¿por qué a pesar del débil crecimiento económico y la tendencia a la baja de la inflación la entidad se ha abstenido de usar un programa de este tipo? Hay varias razones, principalmente la oposición de Alemania y su canciller Ángela Merkel.

Quantitative Easing consiste en “crear” dinero y comprar bonos de deuda de los gobiernos, esta expansión monetaria es poco popular entre los alemanes debido al temor de volver a vivir una hiperinflación, como sucedió en los años veintes.

Adicional a esta mentalidad, arraigada en los votantes alemanes, también existe un temor de que un programa de esta naturaleza le quite presión a países del conjunto que aún necesitan seguir con reformas para lograr un crecimiento sostenido. Es decir, muchos se preguntan si España hubiera avanzado tanto en reformarse si sus costos de fondeo no se hubiesen disparado en el clímax de la crisis.

A pesar de esta oposición, Mario Dragui, presidente de la entidad, resaltó que existe una voluntad por tomar mayores medidas y de llevar los activos del banco a niveles cercanos a donde estaban en 2009. Con el fin de enfatizar este compromiso el comunicado oficial trae explícitamente esta meta, aunque no detalla la forma en que se llegara ahí.

Con esta noticia el euro se debilitó y llego a mínimos de los últimos dos años, y los principales índices accionarios europeos presentaron importantes movimientos al alza.

Por la forma en que ha actuado Dragui en estos últimos años, no se debe de tomar esto como algo definitivo aún, sin embargo sí es un paso más cerca y mucho dependerá de cómo se comporte la economía en estos dos últimos meses del año.