Paradójicamente, cuando el grueso de la población empieza a responder al pedido del Banco Central de Costa Rica (BCCR) respecto a la deseabilidad de optar por créditos en colones, el mismo Central ajusta de la noche a la mañana la Tasa de Política Monetaria (TPM), aumentándola desde 3.75% a 4.75%.

Esta tasa de interés, que debe ser la más importante de la economía, fue reducida por última vez en diciembre del 2013. La disminución fue posible ya que el crecimiento de los precios era estable y existía una necesidad por impulsar el bajo crecimiento de la economía local.

¿Cambiaron las perspectivas de crecimiento al alza? Pues no, sin embargo el Banco Central desea aumentar las tasas de interés de corto plazo en un intento por frenar la alta caída en el precio del colón frente al dólar y de paso limitar también las expectativas de inflación.

¿Se justifica el movimiento en la TPM?

A nuestro juicio no, así como tampoco se justificó un aumento tan abrupto en el tipo de cambio en un lapso tan corto de tiempo, sin embargo, resolver este último problema no amerita subir las tasas de interés 100 puntos básicos en una economía que crece a tasas bajas, por lo menos no todavía.

Lo anterior, pues existen otras medidas menos drásticas a las que se pudo recurrir, tales como incrementar la intervención en las bandas con el objetivo de eliminar el estable ritmo de incremento diario (que invita a posponer ventas y apresurar compras entre los individuos acentuando la escasez de vendedores de dólares en el mercado), mover las bandas, dar tiempo a que los volúmenes de negociación de MONEX y ventanillas se estabilizaran, entre otras.

Así mismo las autoridades deben trabajar en aumentar en el país el conocimiento y uso de derivados cambiarios y la creación de un mercado de futuros; esto para que existan referencias futuras sobre el valor del tipo de cambio, medidas que deben acompañar a cualquier sistema cambiario como el nuestro o que se dirija a la flotación administrada.

El aumento en la TPM implica un aumento en el costo de la liquidez, que eventualmente se traslada a los costos de las recompras en el mercado bursátil, las captaciones y finalmente la Tasa Básica Pasiva (TBP).

Con el incremento en la TBP se agrede el costo financiero mensual de las familias que tienen créditos en colones, las cuales se suman a todas las familias cuyos préstamos en dólares se encarecieron.

En esa línea, también se encarece el costo del financiamiento del desbalance fiscal, haciendo que el mismo déficit crezca más rápido, a la vez que la economía pierde dinamismo por las tasas de interés más altas, y por tanto los ingresos tributarios del Gobierno también.