El recién divulgado Programa Macroeconómico 2014-2015 contiene algunos datos previsibles por parte del Banco Central de Costa Rica (BCCR), como la revisión al alza del crecimiento económico esperado para este año y el 2015, a raíz principalmente del mejor entorno internacional.

Asimismo, el deterioro en las finanzas públicas, entrada de capitales para financiamiento de ese déficit y una inversión extranjera directa con un alza moderada.

El principal cambio gira alrededor de la inflación, cuya meta es modificada a la baja desde 5% (+/- 1%) a 4% (+/- 1%).

Algunas opiniones han saltado a subestimar este cambio, alegando que es una meta “necia” y a la larga contraproducente, pues se sacrifican empleos a costa de la estabilidad de precios.

Sin embargo, si crear empleos y estimular la economía de forma sostenida se lograra tan fácil como permitiendo aumentos constantes en los precios, ¿por qué los países más pobres, con altas tasas de inflación, tienen mucho desempleo? Es evidente que en algún punto se rompe la relación.

Si bien en Aldesa el año pasado abogamos por aplicar bajas en la Tasa de Política Monetaria, para hacer más atractivo el crédito en colones y así estimular la inversión y demanda interna, este movimiento era precisamente justificado por la existencia de una inflación muy estable.

Lo anterior, de acuerdo a algunos índices de precios (como el de los bienes y servicios no regulados o el de inflación subyacente), ya que incluso el crecimiento de los precios se encontraba por debajo de los parámetros objetivos del central, permitiendo bajas adicionales en los niveles de tasas de interés.

¿Qué beneficios ofrece una inflación baja y cómo esta ayuda al crecimiento económico?

El beneficio más evidente y conocido está relacionado al poder adquisitivo de la clase más baja, pues es el más agredido cuando los precios de los bienes y servicios aumentan debido a que, generalmente, los aumentos en los salarios mínimos, para los que tienen empleos formales, no compensan el incremento en el costo de la vida.

Otro gran beneficio, y quizá subestimado, es que una inflación estable le da confianza a la moneda nacional como activo de reserva de riqueza.

¿Por qué en el pasado cada vez que se tenían ahorros se corría a dolarizarlos y hoy en día es más la cantidad de personas dispuesta a tener sus ahorros y llevar sus cuentas en colones?

Precisamente porque en el colectivo se estima que la moneda nacional no perderá valor en el tiempo de forma abrupta, y en el mediano plazo, se expande las personas con colones y esto amplia la efectividad de las herramientas de política monetaria del Banco Central, las cuales en tiempos de crisis significan la diferencia entre poder reaccionar o solo esperar.

En esa misma línea, menos inflación nacional con respecto a la internacional hace que no la moneda local no deba ser sujeto de grandes devaluaciones, según los equilibrios de la paridad del poder de compra entre países, donde el tipo de cambio es simplemente una variable de ajuste.

Con estabilidad cambiara a su vez, la moneda gana credibilidad y más personas confían en poner sus precios en colones, especialmente para activos grandes; como casas, lotes, carros o incluso alquileres, y no en dólares como es la tradición nacional.

Tener un entorno inflacionario controlado también permite una mejor planeación financiera a las empresas.

Es por ello que los esfuerzos en esta área no deben ser despreciados, especialmente si hay una consistencia entre el manejo de las tasas de interés y la trayectoria de la inflación.

En la práctica, no es una inflación alta la que permite crecimiento económico; aunque en el corto plazo una mayor expectativa de inflación incentiva el consumo, algo que buscó la Reserva Federal ante la última crisis.