En octubre el índice de precios al consumidor en Costa Rica se redujo 0,76%, una de las mayores reducciones mensuales de los últimos años. Esto obedeció a la caída de los bienes regulados, que a inicios de este año presentaron crecimientos importantes. Debido a los niveles de inflación de nuestro país (superiores a los de economías avanzadas), ésta es una noticia bien recibida por las autoridades económicas locales. Sin embargo, en las economías desarrolladas noticias similares no son tan bien recibidas.

La OECD informó que el grupo de países industrializados presentó en setiembre una inflación de 1,5%, 0,2% menos que el mes anterior. Esta caída en la inflación ya comienza a preocupar a los bancos centrales y con razón. La teoría económica señala muy claramente qué se debe de hacer cuando existen presiones inflacionarias: básicamente, subir tasas de interés, desincentivando el consumo y la inversión; sin embargo, para el caso de la deflación los pasos a seguir son menos claros. Esto es algo que ha aprendido Japón, en sus décadas de deflación.

Este fenómeno hace que las personas y empresas pospongan sus decisiones de consumo a la espera de precios más bajos, por lo que se vuelve un círculo vicioso en el que las empresas ven caer sus ventas. Adicionalmente, una inflación tan baja es lo último que necesitan las economías avanzadas, que se encuentran bastante endeudadas.

Pero, ¿a qué se debe este fenómeno? En primer lugar, existe una deficiencia de demanda. Desde la crisis, el estadounidense promedio se ha mantenido en un proceso de desapalancamiento, lo que ha afectado su consumo. Además, recientemente Estados Unidos criticó el superávit comercial de Alemania, señalando que en términos nominales ha sido superior al de China, por lo que el país europeo durante toda la crisis de la eurozona ha estado sustrayendo la demanda del área y del mundo, en vez de estar aportando al crecimiento de sus compañeros de moneda.

Adicionalmente, la menor presión en los precios de las materias primas, debido a la moderación del crecimiento de China y los aumentos en la producción del petróleo por parte de Estados Unidos son otras de las causas, así como la menor emisión de crédito en bancos que continúan saneando sus balances.

Ante este panorama, lo que se espera es que los bancos centrales continúen con sus políticas monetarias expansivas, como es el caso de Estados Unidos, mientras que otros como Europa deberían de apoyar más a las economías principalmente de la periferia, que lo último que necesitan es un problema deflacionario.