En relación con el llamado “secuestro” en Estados Unidos, The Economist, ha rescatado una lección muy importante, y es que la idea de recortar el gasto público en forma automática e indiscriminada puede no ser una idea tan mala como se consideraba al principio, y en sus más recientes artículos al respecto, The Economist incluso argumenta que sus efectos han sido sorpresivamente positivos.

De todo el argumento teórico y práctico del “secuestro” también se pueden desprender lecciones para Costa Rica, que al día de hoy presenta un déficit operativo acumulado en el año de ₡279 mil millones, los cuales generan nuevos intereses que han de sumarse al déficit total de ₡577 mil millones.

La reconocida revista empieza recordándonos “facts” o hechos de la política económica: primero, que los costos de cualquier programa del Gobierno son difusos, se distribuyen sobre tota la población que paga impuestos, actual y futura, mientras que los beneficios de tales programas se concentran en unos pocos. De esta forma, grandes recortes en el gasto público solo resultan en un pequeño ahorro para el típico contribuyente y aun así, incluso pequeños recortes pueden golpear muy fuerte a sus beneficiarios, los cuales protestaran demasiado para perpetuarlos. De esta forma, recuerda The Economist, nada se recorta y el Gobierno crece y crece.

La segunda es que, aunque los costos de los distintos programas del Gobierno son difusos, el peso del gasto del gobierno si es claro para cualquier contribuyente, es decir, el déficit del Gobierno y su impacto en la economía no es nada difuso, si no bien definido.

De esta forma, The Economist deduce que si se van a hacer recortes, tal vez hacerlo de la manera grande e indiscriminada y automática, como lo manda “el secuestro” puede no ser tan malo, pues habrá voluntad política y competencia por “sacar adelante” los proyectos que benefician a más dentro del tope que fija el secuestro.

Dicho lo anterior, la revista rescata que de las 48 profecías apocalípticas que los anti secuestro citaban, la mitad no se cumplió, 13 están en tela de duda y de las 11 que han pasado, solo algunas son serias.

¿Por qué no sucedieron?

Bueno, parece que la respuesta, según cita The Economist, es porque en algunos casos las agencias encontraron dinero disponible dentro de sus presupuestos, en otros, el Congreso encontró la forma de cambiar el destino de ciertos dineros y en otros ciertos gastos se reprogramaron.

Es decir, ante un menor presupuesto, se encontró la forma de mantener lo esencial y recortar lo menos prioritario. Sin que esto implique que efectivamente si se recortó en muchos programas.
Pero lo importante es que lo que parecía una línea brusca de recorte, resultó no ser tan indiscriminatoria, y que ajustes automáticos, o leyes de responsabilidad fiscal, si funcionan y son capaces de frenar la tendencia de una creciente deuda a costa de todos solo para no pagar el costo social y político presente de tomar las decisiones correctas.

El artículo completo puede encontrarlo en:

http://www.economist.com/blogs/democracyinamerica/2013/07/budget-sequestration