Esta semana el Banco Central de Japón anunció una de las más grandes inyecciones de liquidez desde la segunda guerra mundial, solo superada por la respuesta de los principales bancos del mundo durante la crisis financiera de 2008. Esta medida fue tomada con el objetivo de poner fin, de una vez por todas, al ciclo deflacionario que ha afectado a la economía nipona desde la crisis de inicios de los noventas.

Japón sufrió la ruptura de una burbuja inmobiliaria en la primera parte de los noventas, provocando una recesión y posteriormente un raquítico crecimiento con episodios de deflación, los cuales volvieron a presentarse después de la crisis financiera del 2008. Este comportamiento fue estudiado incluso por el mismo Ben Bernanke cuando era académico y aún no se enfrentaba a una situación similar en su país. El actual presidente de la Reserva Federal criticaba, en un estudio de 1999, las tímidas medidas que tomaba el banco japonés para detener el ciclo deflacionario.

Sin embargo, con el anuncio de hace unos meses de que el nuevo presidente de la entidad monetaria japonesa sería Haruhiko Kuroda, el mercado comenzó a especular sobre la posibilidad de un aumento en la inyección de liquidez. Esto debilitó al yen y ayudó a impulsar el rally que hemos visto en los principales índices bursátiles a nivel mundial.

¿En qué consiste el plan? Koroda anunció que la compra de bonos del gobierno será de un tamaño que le permita duplicar la base monetaria en los próximos 21 meses y, de esta forma, alcanzar lo más rápido posible una inflación de 2% en términos interanuales. Además, continuará comprando participaciones de fondos financieros (ETF´s) que siguen el comportamiento de los índices japoneses. Estas compras en dólares representarían alrededor de US$1.4 trillones, lo suficiente para financiar el déficit fiscal japonés de los dos años que durará el programa.

De esta forma, el paquete se parece al quantitative easing 2 (programa de alivio monetario) de la Reserva Federal de EE.UU., en el sentido en que básicamente implica una monetización de la deuda en un período de tiempo, situación que es considerada sumamente inflacionaria, con lo que se pretende erradicar de la mente de los agentes económicos la idea de la deflación, situación en que la caída de los precios posterga las decisiones de consumo e inversión.

Aunque el impacto en la moneda, las acciones y las tasas de interés japonesas será el deseado por las autoridades, esta liquidez también saldrá a los mercados internacionales a buscar mejores rendimientos. Esto continuará dándole impulso a los índices bursátiles de Estados Unidos y moviendo capitales hacia áreas con tasas de interés más atractivas.

A pesar de que es riesgosa, algunos analistas consideran que las posibilidades de que sea exitosa para Japón son altas, debido al tamaño del programa y a que está acompañada de una política fiscal enfocada en revitalizar la economía japonesa.