Este fin de semana surgió un nuevo evento que revivió la aversión al riesgo entre los inversionistas internacionales, puso nuevamente los problemas de deuda de la zona euro en el radar y amenaza con borrar parte del optimismo y las ganancias que han mostrado los mercados accionarios en lo que va del año.

El turno ahora es de Chipre, una economía pequeña que representa menos del 0.5% de la producción total de los 17 países de la Unión Europea.

El país ha sido condicionado por los Ministros de Finanzas de la Unión Europea para asegurar 5.8 billones de euros a cambio de un rescate financiero por 10 billones de euros. El Gobierno ha dicho que debe aceptar la medida o declararse en bancarrota.

La exigencia no tiene precedentes en la Unión Europea y el principal riesgo consiste en que ciudadanos de los otros países también rescatados (Portugal, Irlanda, España y Grecia) puedan considerar medidas similares.

Este riesgo trae consigo la pequeña probabilidad de una temida corrida bancaria, siempre el principal riesgo detrás de todos los problemas de deuda que ha tenido hasta ahora la eurozona.

El fin de semana los ahorrantes chipriotas acudieron a los cajeros para salvar sus ahorros de un impuesto, que no será aprobado en forma definitiva hasta la tarde del miércoles.

De momento se habla de un impuesto de 6,75% a los ahorros menores a los 100.000 euros, 10% a los ahorros entre 100.000 y 500.000 euros, y 15% a los montos superiores a 500.000 euros.

La forma en que se cobre el impuesto queda en manos del Gobierno de Chipre, mientras se asegure el objetivo de los €5.8 billones.

¿Qué consecuencias traerá esta situación?

A nivel interno, malestar político y social y, a nivel externo, un posible deterioro de la relación con Rusia (pues se considera que los depósitos de los rusos en Chipre equivalen al 36% del total de ahorro nacional) y además podría poner en duda la idea a nivel europeo de que los ahorros privados son intocables, creando incertidumbre y retiro de los mismos.

El resultado más notorio ha sido sobre las bolsas europeas, de las cuales la rusa es la más golpeada. El oro y los bonos del Tesoro de Estados Unidos han subido de precio al ser demandados como refugio y el euro ha alcanzado un valor de €1.27 por dólar, tras haberse mantenido sobre €1.30 en las semanas anteriores.