La subasta de bonos del Gobierno realizada hoy en el mercado bursátil fue una de las más fuertes en cuanto a participación del mercado y se dio una importante competencia por comprar bonos de deuda interna en dólares al año 2027, que concluyó en un precio más alto para el mismo, lo que significa que Hacienda pagará un poco menos de intereses por el dinero recibido a través de la venta de ese bono.

Como habíamos argumentado en reportes anteriores, el apetito de los inversionistas está en bonos de mediano y largo plazo, tanto en dólares como en colones, pero la subasta de hoy era esperada por el mercado principalmente para poder comprar el bono de deuda interna de más larga duración, que vence en el 2027.

¿Cuánto ofreció el mercado por estos  bonos?

Las ofertas del mercado para comprar el bono de deuda interna en dólares que vence en el 2022 ascendieron a $21 millones y por el bono que vence en el 2027 llegaron a $94 millones.

En el caso de este último bono, el 97% de las intenciones de compra fueron a precios iguales o por encima de los vigentes en el mercado,  por lo que la presencia de ofertas especulativas fue menor al 3%.

De los $94 millones ofrecidos por el mercado, el Gobierno solo tomó $45 millones, a un precio promedio de 100 cuando antes de la subasta el precio era de 98.7. Esto hizo que el rendimiento ofrecido por el bono bajara de 6.11% a 5.98%. Un solo jugador nacional compró $40 millones.

Paradójicamente, el precio del bono que vence en el 2022 más bien cayó. Antes de la subasta se cotizaba a 101.15 con un rendimiento de 5.36% y  hoy se vendió a 100.25 con un rendimiento de 5.48%.

Con estos movimientos la curva de deuda interna en dólares continua mostrando un movimiento a la baja y luciendo cada vez más plana, movimiento explicado por la expectativa del acceso a la deuda externa que le dará al Gobierno más poder de negociación sobre el precio de los bonos de deuda interna que vende en el mercado nacional.

Sin embargo, cuestionamos la sostenibilidad de tal expectativa una vez iniciado el 2013, pues el Gobierno sigue siendo deficitario, con gastos superiores a los ingresos y significativas cantidades de vencimientos en el corto plazo que comprometen, de antemano, los ingresos que recibirá en los próximos años y lo deja a merced de la voluntad de los inversionistas para canjear sus bonos.