En el comentario anterior señalábamos que el proceso de fortalecimiento del colón frente al dólar iniciado meses atrás tiene su origen en un proceso de colonización de la economía que tiene distintas aristas.

Un aumento en la participación relativa de la riqueza financiera en colones, un aumento en la participación relativa del crédito en moneda local frente a moneda extranjera y, en parte como resultado de lo anterior, una disminución en la posición en dólares de las entidades del sistema financiero (activos en dólares menos pasivos en dólares). Es decir, con excepción de lo ocurrido en fechas específicas como las de pago de planillas de empresas extranjeras o pago de impuestos, estamos principalmente ante un tema de disminución de demanda más que de aumento en la oferta de dólares en el mercado.

La razón que explica la preferencia del inversionista por las alternativas en colones se desprende de una diferencia de rendimientos que excede la devaluación esperada por el ciudadano promedio, aunque no por los participantes de  la muestra de economistas que participa en la encuesta de expectativas del BCCR. Cuando se está ante un tipo de cambio nominal prácticamente fijo al nivel de 500 colones por dólar en un mercado donde sobran dólares, el inversionista de la calle siente que la diferencia de más de cinco puntos entre las tasas de interés nominales en colones y dólares, es un premio por su inversión en colones más que una compensación por un riesgo que no percibe.

¿Estamos ante un problema, o no? Desde nuestro punto de vista, sin duda alguna.

Si fuéramos China, India  o Brasil, podríamos pensar que todo se solucionaría dejando flotar el tipo de cambio y permitiendo que se materialice una apreciación nominal adicional que permita absorber el exceso de dólares. Esos países tienen mercados internos enormes que permitirían que la demanda interna tome el lugar que dejaría la demanda externa ante el escenario de fortalecimiento de la moneda local. Pero nosotros necesitamos de la demanda externa para crecer; nuestro mercado doméstico es a todas luces insuficiente para reemplazar el aniquilamiento del sector exportador que resulta de esa apreciación continua y prolongada de la moneda nacional.

¿Qué se podría hacer?  No mucho. Tarde o temprano la inversión extranjera directa será insuficiente para cubrir un desequilibrio externo creciente y el ajuste al alza que se producirá no será gradual, con el problema de que con la estructura actual de bandas existe espacio para un ajuste superior al 30% en el precio del dólar, antes que, al menos en principio, se active la intervención del BCCR como vendedor de dólares. Pero mientras eso ocurre y a fin de detener la salida del mercado de más empresas exportadoras y del peligro de acabar con un modelo de desarrollo que ha requerido más de 25 años para su construcción, algo se podría hacer.

Primero, bajar las tasas de interés en colones ante el exceso de demanda por instrumentos en moneda local. Segundo, incentivar la captación por medio de bonos en dólares por parte del BCCR. En este caso valdría la pena que el BCCR revisara su estrategia de gestión de activos de manera que los dólares resultantes de esa captación se inviertan en otra clase de activos distinta a las letras y bonos del Tesoro, de forma de lograr minimizar el impacto negativo sobre el balance del BCCR del diferencial entre las tasas de colocación y de inversión.

No hay mundo perfecto; sin embargo, los costos asociados con esas medidas son menores frente a los que se derivan de la inacción.

Una última consideración. Después de cuatro años y medio de vida de las bandas cambiarias resulta necesario que el BCCR realice una revisión profunda de los resultados logrados, tanto positivos como negativos. El ejercicio vale la pena antes de continuar el camino hacia el objetivo final de metas de inflación.