La semana anterior quedamos a la espera de la lectura oficial por parte de la Reserva Federal (FED) en cuanto a expectativas de inflación. Según la reunión del pasado martes, la FED manifestó en su informe que las expectativas de inflación se mantienen bajo control y que más bien la inflación a nivel subyacente (excluyendo comida y energía) mantiene una tendencia decreciente. Esto último favorece la renta fija (bonos de deuda) y en principio, si continúan disminuyendo los precios, el valor de los bonos tenderá a ser mayor.

Sin embargo el mercado parece no haber reaccionado ante el control de la inflación, ya que las tasas de interés a 30 años permanecen en niveles cercanos a 4,6%. ¿Hacia dónde se moverán las tasas en las próximas semanas?

Existen dos elementos que podrían resultar catalizadores del curso de las tasas de interés a largo plazo. Los próximos seis días son clave, ya que estaremos inundados de datos económicos que reafirmarán si la economía está en un nivel de crecimiento que en el corto plazo produzca inflación. Si este escenario se mantiene, los rendimientos de los bonos a largo plazo continuarán su curso al alza. Contrariamente, si los datos son débiles respecto a lo anticipado por el mercado,  las tasas de interés podrían moverse hacia la baja, por lo que podría existir un pequeño “rally” en el mercado de renta fija. Otra variable que puede impulsar una subida de precios en los bonos es una corrección del mercado accionario, el cual se encuentra en una clara tendencia ascendente, por lo menos hacia niveles en el S&P 500 de 1350 o hasta 1400. Si la corrección ocurre en acciones (caída de precios), lo interpretaremos como oportunidad de compra, y si el precio de los bonos sube, la ocasión sería ideal para vender. Moraleja: En la coyuntura actual, no conviene tener dinero ocioso, hay que permanecer invertido. No importa en cuál activo se tenga exposición, el mercado siempre otorgará oportunidades.