Durante años el consumo de la sociedad estadounidense ha sido el principal motor de la actividad económica de este país.

No obstante, la situación hoy es otra. La crisis financiera que se desató a finales de 2008 cambió radicalmente la estructura económica, y el consumo no ha logrado recuperarse.

Aunque hoy se anunció una mejora en las ventas minoristas, que superó las expectativas del mercado, es difícil que el consumo vuelva a los niveles pre crisis, y tal vez nunca lo haga, por múltiples razones.

Una de ellas es el elevado desempleo, que alcanzó un máximo histórico de 10% este año y actualmente se ubica en 9,6%.

El avance del desempleo durante la crisis significó la destrucción de 8,5 millones de puestos de trabajo en distintos sectores de la economía, con lo que se reduce de manera importante la capacidad de gasto de la población en general.

El alto desempleo genera pesimismo en la sociedad, haciendo que los que aún están empleados pospongan sus decisiones de consumo e inversión.

Otra razón se encuentra en el hecho de que los precios de las casas bajaron de manera generalizada en todo el país, reduciendo el valor de los activos o patrimonio de las familias. Además de esto, los mercados accionarios perdieron cerca de un 40% de su valor, disminuyendo el valor de las inversiones y ahorros de las personas y empresas.

Una razón más viene por el lado de la oferta. Los bancos ahora deben acatar nuevas normativas que endurecen las condiciones para otorgar crédito a las personas, disminuyendo así la posibilidad de compras adicionales basadas en crédito.